Medioambiente

La Medicina ambiental y la Salud planetaria

Prof. Dr. Roberto M. Cataldi Amatriain

La relación entre la salud de la población y la salud del medio ambiente es muy estrecha y revela situaciones de vulnerabilidad, así como conflictos de intereses y también dilemas morales en la toma de decisiones. Esto resulta de interés para la práctica de la Medicina en general, y de la Medicina Interna en particular. Cuando se habla de vulnerabilidad, en el imaginario colectivo surgen las fragilidades de las poblaciones pobres e indigentes, que tienen que ver con la “alta vulnerabilidad”. Pero hay vulnerabilidades ambientales que no respetan clases sociales ni poder económico. En la Argentina un ejemplo es el del Riachuelo (Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Provincia de Buenos Aires), donde diariamente se vuelcan miles de metros cúbicos de aguas servidas y de residuos industriales que son tóxicos. Este desastre ecológico tiene una antigüedad de dos siglos y expone a casi 5 millones de personas a vivir en “riesgo sanitario”, ya sea por la posibilidad de intoxicaciones (plomo, benceno, mercurio, tolueno) o de infecciones (leptospirosis, hantavirus, virus de la hepatitis, etc.) además de la posibilidad de desarrollar patologías oncológicas. Otro ejemplo en el interior de la Argentina es la actividad minera y la contaminación de los ríos con cianuro.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta contra la contaminación atmosférica cuyos efectos letales se daría en cerca de 3 millones de óbitos anuales. La contaminación del aire en el planeta afectaría a más del 90% de la población, a través de partículas de diámetro aerodinámico en forma sólida o líquida (polvo, cenizas, metales, cemento, polen, etc.) que se conocen como PM10 y PM 2,5, cuyo correlato se da en los ingresos hospitalarios por patología respiratoria. Las PM 2,5 provienen de fuentes antropogénicas  como las emisiones de los vehículos diésel y, las PM10 pueden tener una composición natural como el polvo que trae el viento de otra región. Las boinas tóxicas suelen concentrarse en las grandes urbes. La contaminación de las megalópolis (conjunto de áreas metropolitanas) obedece a la actividad industrial, los automóviles, las emisiones de las centrales térmicas y la eliminación de residuos. La atmósfera más contaminada del planeta hoy se daría en aquellos países por donde discurría la antigua ruta de la seda.

Casi todos los países del mundo firmaron el Protocolo de Montreal para prohibir los gases que destruyen el ozono atmosférico y el mismo entró en vigencia en 1975. El Protocolo de Montreal está cumpliendo con sus objetivos porque se redujo el agujero de ozono. Sería importante que el Protocolo de París (2015) sobre el cambio climático (control de la emisión de gases de efecto invernadero y mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2ºC en las próximas décadas), ya firmado por casi todos los países, siga el camino del anterior para comenzar a reparar el daño ambiental que se le ha ocasionado al planeta, pero existen fuertes oposiciones como sucede con los Estados Unidos, Rusia y otros países.

Se calcula que en el planeta ocho millones de toneladas de basura por año van a parar a los mares y océanos, gran parte son fragmentos de plástico. No solo se trata del calentamiento global o del uso de energías no renovables, hoy existe también el problema del plástico, y cómo los micro-plásticos  ingresan al organismo humano.

Contaminación visual, contaminación auditiva, así como contaminación de los otros sentidos (olfato, gusto, tacto) están presentes en el ambiente y no sería algo inocuo. Cada vez son más las contaminaciones que afectan la salud de la población y del planeta, por eso se necesita una información científica responsable que pueda contrarrestar ciertos discursos motivados por conflictos de intereses, y que sirva para elaborar estrategias que protejan al ambiente y la salud de los seres humanos.

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