Entrevistas

Claroscuros en la responsabilidad profesional del médico

Entrevista de la publicación RPNEWS al Profesor Roberto M. Cataldi Amatriain (Publicación del 18/02/2021)

Prof. Dr. Roberto M. Cataldi Amatriain*

 

Un accionar médico dudoso puede dar lugar a una demanda ante los tribunales, pero no siempre es un acto dañoso, porque se  reclama indebidamente (litigiosidad indebida).

Los médicos solemos incurrir en descuidos, como no dejar asentado en la historia clínica todo lo que se le hizo al paciente o se le dejó de hacer y las razones de una u otra actitud, o por el apuro en una emergencia omitimos pasos y registros administrativos que frente a una demanda nos colocan en una posición débil, pese a haber mostrado buena voluntad y haber seguido las normas técnicas consensuadas.

Existe una “ingeniería tribunalicia” que los médicos ignoramos, no nos la han enseñado en la Facultad.

Desde hace muchos años vengo sosteniendo que el Derecho Médico debe formar parte de la Educación Médica formal, ya que solemos confundir la culpa penal con la culpa civil, cuyas caracterizaciones y consecuencias son diferentes. Tenemos dificultades con el “caso fortuito”, la “imprevisibilidad”, las “complicaciones o riesgos típicos”, entre otras situaciones.

Las motivaciones para impulsar un litigio en sedes civil o penal (excluyo el dolo) son diversas. El médico pudo haber actuado correctamente pero el paciente falleció y la familia no lo admite, en su dolor culpa al médico por el desenlace y lo demanda penalmente para que se lo inhabilite en el ejercicio. Puede suceder que en el proceso asistencial aparezcan claroscuros que la familia no logra dilucidar, en ocasiones asesorada por un abogado que intenta generarse trabajo, entonces se demanda civilmente al equipo médico, la institución o aseguradora en busca de un resarcimiento económico y, hasta se llegan a “fabricar pruebas”.

En el submundo del negocio de la mala praxis lucran ciertos abogados, peritos médicos y soplones (enfermeras, administrativos, camilleros, etc.). La consecuencia es un encarecimiento de la asistencia médica. Se solicitan estudios costosos y prescindibles con la intención de estar cubierto frente a una hipotética demanda (medicina defensiva).

La mayoría de las demandas parte de una relación médico-paciente conflictiva. Debemos añadir el tratamiento sensacionalista de los medios a supuestos actos de mala praxis, incrementando el malestar y la desconfianza,  además de  la industria del juicio.

El médico tiene tres herramientas fundamentales: la información, el consentimiento informado y la historia clínica. Posee también una cuarta herramienta: el Comité Hospitalario de Ética.

Un tema es el de la responsabilidad de los enfermos y la de sus familiares. A veces las discrepancias hay que buscarlas en el enfermo o sus allegados, en ciertos olvidos, omisión de antecedentes fundamentales, o faltas a la verdad.

Hoy el poder de la ciencia está condicionado por el mercado, cuyos planteos utilitaristas son a muy corto plazo. Bástenos el tema actual de las vacunas para combatir el SARS-CoV-2 y las numerosas faltas a la ética. La comunicación está condicionada por intereses económicos que hasta tienen su correlato en la Bolsa. Aparecen medidas políticas que procuran limitar la libertad del investigador o condicionar la libertad moral del profesional. La prescripción implica atenerse a exigencias éticas y a requerimientos legales. Toda prescripción debe contemplar la dignidad de la persona y buscar su bien desde el punto de vista integral.

La responsabilidad es un principio ético fundamental.

El profesional debe saber qué informar, cuándo y cómo, pues, forma parte del “arte médico”. La confidencialidad surge del contrato (de hecho) establecido entre el enfermo y su médico. Esta confidencialidad debe respetarse aún después de que el paciente haya muerto. El secreto médico se funda en la Ética y está protegido por la Ley.

Pienso que el médico que no se ve y se siente un “servidor público”, no alcanzó a comprender cuál es la verdadera misión del médico. Es importante que el profesional además de ser un buen médico, sea un médico bueno.

 

* Resumen de la entrevista.

ENTRE LOS MÁS DESTACADOS INTERNISTAS DEL CONTINENTE

Con motivo del inminente lanzamiento del portal trilingüe (inglés, francés y español) de Medicina Interna, fue entrevistado por una publicación extranjera el Prof. Dr. Roberto M. Cataldi Amatriain, en su Fundación (1996-2020), a principos del corriente año, a metros de Callao y Corrientes.

El Dr. Cataldi es Doctor en Medicina por la Universidad Nacional de La Plata y por la Universidad Complutense de Madrid, en esta última aprobó los exámenes de Neumonólogo y Gastroenterólogo. Además de ser un internista consultor, es profesor universitario, académico, ha formado a varias generaciones de médicos en las distintas universidades que se desempeñó, conjuntamente con la práctica asistencial (fue jefe en varios servicios hospitalarios). También ha formado generaciones de internistas por medio de las residencias de las que ha sido director de programa: Hospital Centro Gallego, Hospital Israelita, Hospital Sirio Libanés y últimamente la Clínica Del Carmen de Zárate; de las cuatro, fundó tres.

Pero algo inhabitual en un médico asistencial es su sólida formación humanista, su condición de experto en pedagogía médica (Presidente de la Junta de Educación Médica para América Latina) y de experto en bioética (Presidente de la Academia Argentina de Ética en Medicina). A través de la oratoria y la escritura que cultiva, viene desarrollando su tarea de intelectual comprometido con la problemática cultural y social actual, con los vulnerables y con los que no tienen voz. Leer su copioso curriculum vitae (que pone a disposición del público) nos sitúa en presencia de uno de los internistas más prestigiosos del continente.

Cuando el entrevistador le preguntó por su relación con el Profesor Ciril Rozman de Barcelona respondió: “Rozman es una figura legendaria, la personalidad viva más importante que nos queda en el mundo de la Medicina Interna. Con el tratado  de Farreras-Rozman se han formado ´centenares de miles´ de médicos en el mundo. Para mí es un honor compartir su amistad y su permanente apoyo en mis proyectos”.

Se le preguntó por el motivo de su limitado reconocimiento en ciertos medios e instituciones locales. El Dr. Cataldi, sonriendo como es su costumbre, dijo: “Vivimos en una sociedad desorientada pero interesada, percibo mucho ruido aunque  poca melodía. Rozman en una oportunidad me dijo que los internistas habíamos sido muy mezquinos… Yo nunca participé de ´internas´, evité las ´roscas´, soy simplemente un ´outsider´. Tengo por costumbre pensar libremente en voz alta y, eso tiene un precio. A diferencia de otros, me tienen sin cuidado los honores, los premios, los homenajes. Me desagrada la sobre-exposición, por no decir que me causa vergüenza. Mis pacientes, alumnos, residentes, médicos de muchos años, pueden testimoniar quien fui, he sido y soy. Para mí eso es lo más importante, lo otro a menudo es fruto de las relaciones, la política, los medios y el marketing. Tengo discípulos esparcidos por América y Europa con los que mantengo una relación afectiva. Mi ego está controlado, no soy tan tonto como para ´creérmela´”.

El Maestro se graduó a los 24 años y a los 29 era expositor en un congreso mundial en Europa, y dos años más tarde viviendo en el exterior como becario era aceptado como miembro titular en la Unión Internacional contra la Tuberculosis (París) y en la Sociedad Española de Aparato Digestivo (Madrid). Tiene más de una quincena de libros publicados y alrededor de 250 comunicaciones y trabajos en diferentes idiomas.

Su actividad asistencial, docente e intelectual es cotidiana. Atiende pacientes, enseña al lado de la cama del paciente, está al día con lo que sucede en el mundo, es un empedernido lector (dice que para robar ideas) y religiosamente escribe unas líneas cada día (rutina de todo escritor).

Cuando le preguntan qué es lo que más lo decepciona responde: “el ser humano: sus contradicciones, sus traiciones, sus miserias morales, su alienante capacidad para hacer el mal sin importar las graves consecuencias”. Y ante la pregunta qué espera, dice: “no sé cuánto tiempo me queda, pero estoy seguro que me iré como vine: sin nada”.

Entrevista recogida por el ICIM (Buenos Aires, 2020).

“Nuestra especialidad es inexorablemente de práctica hospitalaria”

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